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«ARTESANOS DE LA HUELLA»
FOLEY ART
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Cuando vemos una película, damos por sentado el crujir de una chaqueta de cuero o el sismo que provoca una simple pisada sobre la gravilla. Sin embargo, en el cine, la realidad suele ser silenciosa. Es aquí donde entra el Foley Art, una disciplina de la postproducción sonora que se encarga de recrear, en un estudio, cada sonido humano y ambiental para dotar de realismo y emoción a la imagen.
Hablamos con Ashly Reyes , artista dominicana en postproducción sonora, quien nos guía por este laberinto de frecuencias y texturas donde la precisión y la intuición son las reglas del juego. Para Ashley, el Foley no es solo una tarea técnica; es una forma de habitar el mundo.
«Me ha ayudado muchísimo a ser más consciente de las cosas que me rodean, de cómo se escucha un lugar».
Esta disciplina expande los sentidos, permitiendo que el espectador reciba información narrativa que la imagen, por sí sola, no puede contar. El Foley permite «engañar» al cerebro. Ashly explica que a veces lo que vemos en pantalla no es lo que estamos escuchando realmente. Se utilizan objetos cotidianos para recrear sonidos complejos, adaptándolos a la intención narrativa del director.
✭ El truco del tabaco
Uno de los hallazgos más sorprendentes en la carrera de Ashley es su capacidad para encontrar el sonido perfecto en los lugares menos pensados.
A menudo, el sonido es el héroe olvidado de las producciones. Ashly es tajante sobre la jerarquía de los sentidos en el cine.
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✭ El Salto de Fe: Entre la Precisión Técnica y la Magia Creativa
Finalmente, tras toda la técnica y la edición milimétrica, queda un componente humano que ninguna máquina puede replicar. El trabajo del artista de Foley no termina cuando el sonido está «en el lugar correcto», sino cuando ese sonido logra transmitir una intención.
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Ashlyy nos explica que este «salto de fe» no es un acto improvisado, sino el resultado de un dominio absoluto de las herramientas. Para llegar a la magia, primero hay que dominar el caos técnico. Ella destaca que su flujo de trabajo implica una gestión constante de inputs y outputs, el manejo experto de ProTools y la integración de hardware específico. No es solo «hacer ruidos»; es saber cómo esa señal viaja desde el objeto que golpea en el estudio hasta la profundidad de una mezcla final.
Un punto crucial en su labor es la capacidad de ser propositiva. Ashly menciona que, en muchas ocasiones, los directores no tienen una idea clara de cómo debe sonar una escena. Es ahí donde el artista de Foley deja de ser un técnico para convertirse en un narrador. Ella utiliza herramientas como Omnisphere para crear capas de diseño sonoro y texturas que van más allá de lo evidente, proponiendo soluciones que el director ni siquiera sabía que necesitaba.
El Riesgo del «Tripeo» Creativo
Para Ashly, «tripearse» el proceso es fundamental. Es la diferencia entre un sonido estéril y un sonido con alma. Sin embargo, este proceso tiene sus riesgos técnicos reales. Como menciona, al hablar de la gestión de decibeles, el artista debe confiar en su oído y en su criterio de mezcla, sabiendo que lo que hoy suena perfecto en su estudio, debe resistir la prueba de fuego de una sala de cine. Es una «ruleta rusa» donde se apuesta la credibilidad del ambiente sonoro en cada decisión de volumen y textura.
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Al final, aunque la precisión técnica es vital para la administración, la sincronía y la continuidad, es la intuición la que dicta si ese sonido te hace vibrar o no. Puedes tener el mejor ProTools, los mejores cables y el hardware más caro, pero si no te ‘tripeas’ la creación, el espectador no sentirá nada. El Foley es un salto de fe: confías en tu técnica para poder liberarte en la creatividad. Es una ruleta rusa donde el premio es la inmersión total del público; si lo logras, habrás creado una verdad que nadie cuestionará.
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