✭ POV Corporal

El POV corporal no solo muestra una acción, la hace vivir. Cuando la cámara está sujeta al pecho, a la cabeza o al torso de un personaje, deja de observar desde afuera y pasa a existir desde adentro. Ya no vemos al personaje: somos el personaje.

Este tipo de plano rompe la distancia entre la historia y el espectador. No hay encuadres “bonitos”, no hay composición clásica, no hay control absoluto. Hay respiración, hay vibración, hay inestabilidad. Hay cuerpo. Y eso es precisamente lo que lo hace tan poderoso.

El movimiento ya no es técnico, es físico.
Si el personaje corre, la imagen corre.
Si se agita, la cámara se agita.
Si duda, el plano duda.

El POV corporal convierte la cámara en una extensión del sistema nervioso del personaje. Por eso funciona tan bien en escenas de:

  • Tensión
  • Huida
  • Confusión
  • Adrenalina
  • Vulnerabilidad

Aquí el criterio audiovisual cambia completamente: no buscas perfección visual, buscas verdad sensorial. Buscas que la imagen se sienta más que se vea. Que incomode un poco. Que sea imperfecta. Que sea humana.

Este recurso también habla de intención. Usar POV corporal no es una moda, es una decisión narrativa fuerte. Estás diciendo:
“No quiero que observes esta historia. Quiero que la atravieses.”

Y eso transforma la experiencia del espectador. Ya no está sentado mirando una pantalla, está dentro del cuerpo que vive la escena.

En términos de criterio, el POV corporal es una renuncia a la estética clásica para ganar inmersión emocional. Es cambiar belleza por presencia. Control por honestidad. Técnica por sensación.

Cuando la cámara se pega al cuerpo, la narrativa se pega al pulso.

Aquí un video por si te da ganas de probarlo!