✭ Toda historia necesita una herida

✭ El conflicto como motor emocional de cualquier narrativa ✭
Una historia sin conflicto es como un cuerpo sin pulso.
Puede estar ahí, pero no está viva.
La “herida” no siempre es algo grande o trágico. No tiene que ser una muerte, una guerra o un desastre. A veces es una inseguridad, una pérdida, una ausencia, una duda, un miedo. Esa herida es lo que mueve al personaje, lo que lo obliga a cambiar, a decidir, a enfrentarse a sí mismo.
Didácticamente, piensa en la herida como esto:
PERSONAJE + HERIDA = HISTORIA
Sin herida, no hay necesidad.
Sin necesidad, no hay movimiento.
Sin movimiento, no hay narrativa.
✭ Ejercicio rápido para entenderlo ✭
Elige una situación cotidiana:
- Una persona que vuelve a su casa.
- Alguien que espera un mensaje.
- Una caminata por la calle.
Ahora agrégale una herida:
- Vuelve a su casa, pero sabe que ya no es bienvenida.
- Espera un mensaje, pero teme que nunca llegue.
- Camina, pero está evitando un lugar que le duele.
Misma acción.
Distinta emoción.
Ahí nace la historia.
✭ El sentido ✭
La herida le da sentido a cada escena
No vemos solo lo que el personaje hace.
Vemos por qué lo hace.
El conflicto convierte acciones simples en actos cargados de emoción.
La herida no es el problema externo, es el interno
El problema externo puede ser:
- Una discusión
- Un viaje
- Una pérdida
La herida es:
- El abandono
- El miedo
- La culpa
- La soledad
Eso es lo que realmente conecta con el espectador.
Toda historia necesita una herida porque:
La herida crea tensión.
La herida crea empatía.
La herida crea transformación.
Sin herida, hay relato.
Con herida, hay narrativa.

